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Lo que nunca se olvida

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Confinado en mis pensamientos 

Con tanto tiempo para pensar son muchas las cosas que pasan por tu mente en estos días de aislamiento, especialmente aquellas que se convirtieron en momentos inolvidables, de esos que te llegan al corazón y que son tan difíciles de explicar. Y lo siguen siendo a pesar de que este confinamiento nos ha hecho a todos más sensibles, más comprensivos y susceptibles ante cualquier hecho que nos saque de la normalidad más absoluta.

A la impaciencia por llegar cuanto antes a la “nueva normalidad” se le unen esos recuerdos de los momentos vividos que se agolpan en nuestra mente y nos transportan en el tiempo. Vivencias que nos marcaron de por vida y que florecen en esta primavera a ritmo de añoranza y disimulada melancolía. Hemos ganado el silencio pero con él la necesidad imperiosa de valorar todo lo vivido en la medida que corresponde.

Hoy 7 de Mayo es el cumpleaños de mi padre; hubiera sido si aquél que todo lo puede no hubiera decidido llevárselo cuando yo disfrutaba de una juventud feliz y cargada de prometedores planes de futuro. Nos quedamos a mitad de camino en nuestro viaje por la vida y me pesa que no haya podido disfrutar de mis mejores momentos… o acompañarme cuando las cosas no iban tan bien. Su marcha cargó mi espalda de responsabilidad (esto lo sentí como lo cuento) y la bendita obligación de cubrir el hueco que alguien insustituible dejaba para mi madre, mis hermanos y para mí mismo.

Quizá sea la luna llena que brilla especialmente esta madrugada la que tenga una influencia positiva en mi carácter inquieto de por sí, o la añoranza por no poder hacer aquello que más desearía en este momento la que me lleva a compartir, a modo de presente de cumpleaños, uno de los regalos más bonitos que me han hecho en la vida. Una de esas sorpresas que te emocionan y que te hacen pensar que tu esfuerzo ha valido la pena; que el camino recorrido ha dejado una huella imborrable para aquellos que lo han compartido contigo.

El 27 de Junio pasado se estrenaba en la localidad de Alfarp el pasodoble que lleva mi nombre (suena tan bonito como la propia pieza musical de Hugo Chinesta) y que fue el extraordinario regalo que me ofrecieron un grupo de amigos por mis 25 años como Presidente de la comisión. Ni qué decir tiene que la sorpresa fue mayúscula, que me llenó de felicidad absoluta y destapó mis ojos a la evidencia de que si habíamos viajado hasta Alfarp no fue para escuchar un concierto en honor a nuestra falla (como yo creía) sino que guardaba un momento especial que no olvidaré mientras viva.

Amigos y familiares me acompañaron en ese momento inolvidable que nos hizo disfrutar de la bella melodía a la luz de la luna. Mientras yo, con los ojos empañados de lágrimas por la emoción, sentía un incontrolable deseo de agradecer tan preciado presente a la vez que miraba al cielo de esa estrellada noche de verano valenciano para lanzar una frase, apenas audible para el ser humano, que cruzó el firmamento a ritmo de pasodoble fallero. En ella iba todo cariño y admiración, no podía ser menos si tenía en cuenta a quien iba dirigida.

Ya ves, papá; las cosas no me han ido mal…pero siento enormemente no haber podido disfrutarlas teniéndote a nuestro lado.

¡Gracias por todo lo que nos diste!... Este precioso regalo también es para ti.

¡Te quiero!

 

Marcos E. Soriano